Carlos Araya, abogado de Magliona, analiza los retos que la inteligencia artificial impone a la regulación, la contratación tecnológica y la propiedad intelectual. En el marco del III Congreso de Derecho y Tecnología de la Universidad de Chile, el experto sostiene que la discusión ya no es si las empresas usarán IA, sino cómo hacerlo con control y estrategia.
DESAFÍOS CONTRACTUALES DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Araya explica que la IA ha tensionado categorías contractuales que antes parecían estables. Ahora surgen debates sobre la titularidad de resultados generados por algoritmos, el uso de datos para entrenar modelos, la confidencialidad y la responsabilidad por decisiones automatizadas. Muchos contratos fueron diseñados para software tradicional, no para sistemas que evolucionan con grandes volúmenes de información.
El principal desafío, según el abogado, es traducir riesgos tecnológicos novedosos en obligaciones contractuales claras y ejecutables. La conversación ya no es solo técnica; también abarca gestión de riesgos, gobierno corporativo y distribución de responsabilidades.
REGULACIÓN Y PROPIEDAD INTELECTUAL
Frente al ritmo del desarrollo tecnológico, Araya advierte que la tecnología avanza mucho más rápido que las leyes. El riesgo es construir marcos regulatorios rígidos para herramientas cambiantes. En Magliona creen que los marcos deben enfocarse en riesgos concretos y principios tecnológicamente neutrales, evitando cargas que dificulten la adopción sin beneficios reales.
En propiedad intelectual, la discusión central gira en torno al uso de obras protegidas para entrenar modelos de IA. Litigios globales enfrentan a titulares de derechos con desarrolladores. La pregunta es si ese uso requiere autorización o remuneración. Además, la titularidad de contenidos generados por IA desafía conceptos como autoría y originalidad, construidos sobre la creatividad humana.
ERRORES FRECUENTES EN TRANSFORMACIÓN DIGITAL
Uno de los errores más comunes es tratar proyectos tecnológicos como contratos tradicionales de servicios. Aspectos como ciberseguridad, niveles de servicio y tratamiento de datos son centrales. Si el contrato no refleja la operación real, los problemas aparecen. También es un error asumir que solo con políticas internas basta; los riesgos se materializan en la operación diaria.
El verdadero riesgo jurídico suele aparecer en la operación, no en la presentación del proyecto. La transformación digital exitosa requiere alinear tecnología, negocio y gestión jurídica desde fases tempranas.
ADOPCIÓN RESPONSABLE DE INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Muchas empresas sienten que la regulación avanza rápido. Araya sostiene que hoy las organizaciones necesitan abogados que ayuden a tomar decisiones en escenarios inciertos, no solo que expliquen reglas. El foco debe estar en una gestión inteligente de riesgos, buena gobernanza y contratos sólidos que permitan innovar sin perder control.
El error más frecuente es asumir que la IA es solo una decisión tecnológica. Las organizaciones la incorporan por presión competitiva sin evaluar implicancias jurídicas, operacionales o reputacionales. La adopción responsable exige comprender qué datos usa el sistema, cómo se generan resultados y quién asume riesgos si ocurren errores.
La verdadera pregunta para las empresas no es si usarán inteligencia artificial, sino si serán capaces de hacerlo con controles y una gobernanza proporcional a los riesgos.
La inteligencia artificial desafía pilares históricos del sistema de propiedad intelectual. Conceptos como autor, obra y originalidad fueron diseñados para creadores humanos. La IA obliga a replantear el equilibrio entre protección de derechos e innovación tecnológica. El gran desafío será encontrar mecanismos que protejan a los creadores sin bloquear el desarrollo de tecnologías con beneficios económicos, científicos y sociales.
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.
