La enseñanza tradicional del Derecho en Chile estaría llegando a un punto de inflexión. Para el académico Israel González Marino, profesor asociado y coordinador de investigación de la Facultad de Derecho y Humanidades de la Universidad Central, el camino pasa por adoptar un modelo pedagógico que se apoye en la evidencia. “Debemos avanzar hacia una docencia basada en evidencia”, señaló en el marco de las IV Jornadas de Didáctica del Derecho, de cuyo comité científico forma parte.
CONTEXTO DE LAS JORNADAS
González Marino explicó que la relevancia de generar espacios como estas jornadas radica en la urgencia de transitar desde una enseñanza jurídica que descansa casi exclusivamente en la tradición y la clase expositiva, hacia una profesionalización de la labor docente. En un entorno de alta competitividad y cambios normativos constantes, estas instancias permiten democratizar el conocimiento pedagógico. Los académicos pueden validar sus prácticas, compartir estrategias de innovación y reflexionar sobre la formación de los futuros abogados.
DEBILIDADES EN LA FORMACIÓN ACTUAL
Si bien se reconoce un avance en la materia, el experto advierte que aún predomina la clase magistral y los procesos evaluativos centrados en la memoria. Esto limita el desarrollo de habilidades analíticas y críticas. Agregó que persiste una brecha entre la teoría jurídica abstracta y la aplicación práctica del Derecho en contextos diversos, lo que afecta la preparación de los estudiantes para enfrentar la realidad profesional.
ENFOQUE EMPÍRICO EN CRECIMIENTO
González Marino señaló que el enfoque empírico en la educación jurídica chilena está en una fase de crecimiento, pero no se encuentra plenamente instalado. Históricamente, la academia nacional ha sido marcadamente dogmática. No obstante, los procesos de acreditación y el auge de la investigación educativa han impulsado a las facultades a recolectar datos sobre el aprendizaje. El desafío, según el académico, es pasar de la “anécdota de aula” a la investigación educativa formal, probando con datos qué funcionó y por qué. Las jornadas buscan ser el motor para consolidar esa cultura de la evidencia.
LÍNEAS DE INVESTIGACIÓN RELEVANTES
Entre las propuestas que podrían destacar en esta versión, el coordinador de investigación mencionó varias temáticas. Por un lado, la evaluación del aprendizaje, con instrumentos que vayan más allá del examen tradicional. También el uso de tecnologías e inteligencia artificial aplicadas al desarrollo de competencias jurídicas. Otra área valiosa es la didáctica de ramos específicos, especialmente aquellos complejos o emergentes. Finalmente, las clínicas jurídicas y el aprendizaje-servicio, midiendo su impacto en la formación ética y técnica de los estudiantes.
METODOLOGÍAS ACTIVAS Y SU ROL TRANSFORMADOR
Para González Marino, el papel de las metodologías activas es central y transformador. El aprendizaje basado en problemas, el método del caso o la simulación desplazan el eje del docente hacia el estudiante. Esto permite que el alumno no solo conozca el Derecho, sino que sepa cómo aplicarlo. La innovación pedagógica no se limita a incorporar tecnología, sino que implica rediseñar la experiencia de aula para potenciar el pensamiento crítico, la argumentación y la resolución creativa de problemas jurídicos.
REDUCCIÓN DE LA BRECHA ACADEMIA-PRÁCTICA
Históricamente, la academia ha sido criticada por su excesivo enfoque teórico, mientras la práctica profesional se percibe como puramente técnica. Instancias como estas jornadas ayudan a reducir esa distancia al alinear el perfil de egreso con la realidad laboral. Al presentar resultados empíricos, la comunidad académica puede tomar decisiones curriculares informadas, basadas en evidencia concreta.
PROYECCIÓN HACIA UNA POLÍTICA INSTITUCIONAL
El académico espera que, en el mediano plazo, la didáctica del Derecho deje de ser una iniciativa aislada de profesores y se transforme en una política institucional de las facultades. Esto implicaría contar con unidades de apoyo pedagógico y criterios de evaluación docente centrados en la efectividad del aprendizaje. Asimismo, las futuras reformas curriculares debieran basarse en datos y no solo en intuiciones o tradiciones. La meta es avanzar hacia un cuerpo docente que se conciba no solo como especialista en su área, sino también como un profesional de la educación jurídica comprometido con la mejora continua.
Nota del Editor: Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.
