El océano como eje del futuro: la entrada en vigencia del acuerdo BBNJ y el rol de Chile
En el marco de Congreso Futuro 2026, el biólogo marino y director del centro SMOI de la Universidad Católica del Norte, Carlos Gaymer, abordó en una entrevista los desafíos y oportunidades que representa el océano para la humanidad, con especial énfasis en el reciente acuerdo sobre biodiversidad más allá de la jurisdicción nacional, conocido por sus siglas en inglés BBNJ.
La conversación, disponible en el canal TV Senado Chile, se centró en los alcances de este tratado internacional que, tras veinte años de negociaciones, entró en vigor el 17 de enero de 2026. Chile, que fue el segundo país en ratificarlo después de Palau, hoy aspira a albergar la secretaría del acuerdo, con Valparaíso como sede propuesta junto a Bruselas.
UN ACUERDO QUE REGULA LA MITAD DEL PLANETA
El especialista explicó que el BBNJ regula la biodiversidad en alta mar, es decir, más allá de las 200 millas de la zona económica exclusiva de cada país, lo que equivale a cerca del 50% de la superficie terrestre. Este espacio, hasta ahora sin una regulación global efectiva, concentra recursos genéticos, pesqueros y cumple funciones ecológicas clave como la regulación climática y la captura de CO2.
El tratado se estructura en cuatro pilares: recursos genéticos marinos y distribución equitativa de beneficios, evaluaciones de impacto ambiental, transferencia de tecnología y creación de áreas marinas protegidas en alta mar. Sobre este último punto, Gaymer destacó que la meta de proteger el 30% del océano para 2030 es inviable sin incluir zonas de alta mar.
CHILE Y LA CORDILLERA DE NAZCA-SALA Y GÓMEZ
Dentro de las prioridades globales para establecer las primeras áreas marinas protegidas en alta mar, la comunidad científica ha identificado como principal candidata la zona impulsada por Chile: las cordilleras submarinas de Nazca y Sala y Gómez. Este corredor submarino de aproximadamente 4.000 kilómetros de largo, que conecta las costas de Perú con Rapa Nui, alberga más de 110 montes submarinos y presenta los mayores niveles de endemismo marino del planeta.
El panel subrayó que esta área no solo es relevante por su biodiversidad, sino también por su función como zona de crianza y reproducción de especies como el jurel, la principal pesquería del Pacífico Sur. Además, tiene un valor cultural e histórico, ya que antes de la llegada de los europeos funcionaba como ruta de conexión entre los pueblos polinésicos y sudamericanos, como lo evidencian los intercambios de camote y cúrcuma.
CIENCIA Y COMUNIDADES: UN TRABAJO COLABORATIVO
Uno de los ejes abordados fue la metodología de trabajo del centro SMOI, que integra el conocimiento ecológico tradicional de las comunidades locales desde el inicio de las investigaciones. A diferencia de prácticas previas donde los científicos tomaban datos y se iban sin retribuir resultados, hoy se busca que las propias comunidades formulen preguntas, participen en el desarrollo de la investigación y sean coautoras de las publicaciones científicas.
Como ejemplo concreto, se mencionó el estudio encargado por la comunidad de Rapa Nui sobre artes y aparejos de pesca, que finalmente se transformó en el corazón del decreto que crea el área marina protegida de múltiples usos más grande de Latinoamérica.
DESAFÍOS PARA EL FUTURO
El panel coincidió en que la humanidad enfrenta una triple crisis: pérdida de biodiversidad, contaminación y cambio climático, cuyos efectos se manifiestan con fuerza en los océanos. En el caso de Rapa Nui, por ejemplo, el aumento del nivel del mar y de las marejadas ya está reduciendo los días de puerto abierto, afectando la pesca, el turismo y la infraestructura costera. Por ello, se trabaja en medidas de adaptación con los propios actores locales, integrando estos contenidos incluso en los currículos escolares de la isla.
La entrevista concluyó con una reflexión sobre la urgencia de replantear la relación con el océano, especialmente cuando el acuerdo BBNJ abre una ventana histórica para regular los usos de la mitad del planeta. La candidatura de Valparaíso como sede de la secretaría del tratado representa, en opinión de los expositores, una oportunidad geopolítica relevante para el sur global y para que las decisiones sobre el océano se tomen también desde países en desarrollo.
Nota del Editor: Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.
