La promesa de alcanzar un déficit estructural cero para 2030, una de las banderas de campaña más reiteradas por el Presidente José Antonio Kast, comienza a ser moderada por el propio Ministerio de Hacienda. A poco más de dos meses de asumir el nuevo gobierno, el ministro Jorge Quiroz abrió la puerta a revisar la meta fiscal, generando incertidumbre en el mercado y entre los expertos en finanzas públicas.
PROMESA FISCAL BAJO REVISIÓN
El pasado 7 de abril, en un seminario organizado por la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa), Quiroz aún reafirmaba que llegar a un balance fiscal estructural en 2030 era un objetivo central de su gestión. Sin embargo, durante una conferencia de prensa esta semana, el secretario de Estado matizó sus dichos. “Todavía no dictamos el decreto fiscal. Lo vamos a dar a conocer oportunamente. Vamos a tener que tomar en cuenta toda la evidencia que hemos visto hasta el momento”, respondió al ser consultado.
Este cambio de tono se produce en un contexto de cifras fiscales complejas. Según el informe de ejecución fiscal del primer trimestre, los ingresos públicos crecieron solo un 0,9%, impulsados principalmente por la minería privada gracias al precio del cobre. Por el contrario, la recaudación del resto de los contribuyentes se mantiene rezagada y el IVA prácticamente no presentó variación, reflejando el menor dinamismo del comercio y un aumento en las devoluciones.
EL DECRETO FISCAL Y SUS PLAZOS
El decreto fiscal, instrumento basado en la Ley de Responsabilidad Fiscal (aprobada en agosto de 2024), establece las metas de balance estructural y los compromisos de gasto público para la administración. Debe publicarse dentro de los 90 días siguientes a la asunción del gobierno, plazo que vence el 9 de junio de 2026. En él se incluirá la trayectoria fiscal hasta el último año en que se elabora la Ley de Presupuestos del actual mandato, es decir, el erario de 2030.
De acuerdo a fuentes internas del Ministerio de Hacienda, el gobierno analiza distintos escenarios. Aunque el primero sigue siendo alcanzar la meta de balance estructural, las cifras no acompañan esa intención. El gasto presupuestario creció un 5,1% real en marzo, explicado por un aumento del 6,9% en el gasto corriente, parcialmente compensado por una caída del 5,7% en el gasto de capital.
LAS DIFICULTADES EN LOS INGRESOS
A lo anterior se suma la megareforma que se tramita en el Congreso, aprobada esta semana en la comisión de Hacienda de la Cámara con votos del oficialismo. Expertos han expresado serias dudas sobre su sostenibilidad fiscal, ya que proyecta cifras deficitarias durante todo el período de gobierno.
Otro factor de preocupación es la sobrestimación de ingresos por la Ley de Cumplimiento Tributario, que desde un inicio fue calificada como optimista. Si se repite este error, cumplir con una reducción del déficit se hace aún más complejo. El gobierno anterior proyectó un déficit estructural de 2,7% del PIB para 2026, pero el cierre de 2025 fue peor a lo esperado (-3,6% del PIB), por lo que el escenario probable sitúa el déficit de este año cerca del 3% del PIB.
VOCES DE EXPERTOS: UNA META MÁS REALISTA
Frente a este escenario, diversos analistas coinciden en que la meta de déficit cero en 2030 es inviable y sugieren un objetivo intermedio en torno al 1% del PIB.
Patricio Rojas, economista de Rojas y Asociados, señaló que “llegar al balance estructural al año 2030 es una meta muy exigente y que hoy día se ve inviable”. A su juicio, lo importante es fijar una ruta de disminución del déficit estructural creíble y llegar al 2030 con un balance entre -1,5% o -1% del PIB.
Cristina Torres, exdirectora de Presupuestos, considera un buen objetivo llegar a -1% del PIB, ya que “no se puede fijar una meta y luego no cumplirla”. Cecilia Cifuentes, académica de la Universidad de Los Andes, coincide: “Lo recomendable es que este gobierno se fije una (meta) de ir reduciéndolo y terminar el período en torno a 1% del PIB de déficit, con una trayectoria año a año que sea creíble y se cumpla”.
Por su parte, el exdirector de Presupuestos Matías Acevedo, advirtió que el punto de partida fiscal es más exigente de lo estimado. Según sus cálculos, descontando medidas de gasto por 0,5% del PIB, el balance estructural alcanzaría en 2026 un -3,2% del PIB. Si el gasto creciera un punto porcentual por debajo del PIB, la consolidación fiscal aportaría 1% del PIB al 2030, dejando el déficit en -1,6% del PIB.
LA DEUDA Y LA CREDIBILIDAD
El economista Alejandro Fernández agregó un antecedente adicional: postergar la convergencia fiscal al equilibrio presupuestario pone en peligro el límite de 45% del PIB para la deuda bruta, lo que puede afectar la credibilidad de las cuentas fiscales y traducirse en rebajas en la clasificación de riesgo del país. Los analistas coinciden en que la reducción del déficit debe considerar no superar ese umbral.
El mercado esperaba una señal en el Informe de Finanzas Públicas (IFP) del primer trimestre, que debía presentarse el 12 de mayo. Sin embargo, el gobierno decidió postergarlo para el 20 de mayo, sin entregar explicaciones oficiales. Algunos interpretan que Hacienda busca presentar el informe lo más cercano al decreto fiscal, mientras otros apuntan a que el escenario fiscal es peor de lo previsto.
El exministro Mario Marcel expuso ante la comisión de Hacienda de la Cámara que cerrar la brecha fiscal implicaría US$ 8.600 millones para 2030, y sumando el déficit adicional de la reforma tributaria, se requerirían US$ 10.000 millones en menores gastos o mayores ingresos estructurales. Una cifra que, por ahora, parece difícil de alcanzar.
Nota del Editor: Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.
